05/07/08 por Maria Suárez Toro
Las feministas que ya enemos seis décadas de vida en este planeta deberíamos hablar en nuestros eventos propios desde lo vivido, no tanto desde la teoría de la academia y los libros escritos en forma aislada.
Aquí estoy en el segundo día del Congreso Mundos de Mujeres en Madrid, disfrutando de las charlas de las veteranas como la filosofa feminista de los Estados Unidos Sandra Harding, la feminista egipcia Nawal El Saadawi quien además de escritora es médica, la economista neozelandesa Marlyn Waring y las teóricas del feminismo español Amelia Varcarcel y Celia Amorós. A todas las escuché o las leí en sus ponencias entre ayer y hoy, con muchas ganas y grandes expectativas. Siguen siendo feministas brillantes que no se quedaron en el camino a pesar de los embates del neoliberalismo y sus fundamentalismos.
Todas tienen más de 60 años. Yo ando transitando ese camino. Por primera vez en mi vida fui becada por edad en un Congreso. Por “un pelito” como se dice en mis tierras, pues había que tener 60 años y yo los cumplí el 5 de junio para un evento que inició el 3 de julio.
La ponencia de Celia la tuvo que ser leida por la moderadora de la mesa en la que hablaba, porque, como nos dijo, "Celia no pudo venir porque está enferma". Nadie nos dijo si estaba muy mal o no, solamente que su ponencia sería leída con igualdad de tiempo asignado que el que se le daría a las que estaban presentes. Con tantas feministas de la edad de Celia enfermas, la igualdad de tiempo me valía poco; lo que quería saber es si estaba muy mal o era solamente una cosa pasajera. Nunca supe, aunque conocí su ponencia entera.
Sandra Harding expuso su crítica sobre la modernidad pero no integró una sóla referencia a la post- modernidad. ¡Menuda omisión en estos tiempos!
Amelia, brillante como siempre. Pero fue interpelada por usar como referente critico el libro de Carol Gilligan de hace 30 años y, al final de su charla fue nuevamente interpelada sobre la tesis que presentaa al evento, que data de 1979 como ella misma dijo, referida a la necesidad de las mujeres de trascender el ser complacientes para todos, afirmando el "derecho a la maldad." Fue interpelada por dicotómica sobre el asunto. Una enfermera la increpó sobre el precio de la "maldad", traducido en absoluta soledad. Para responderle Amelia al fin se conectó narrando sus propias experiencias, habladole de su parto y hablando de las convivencias, para señalar que "todas debemos aprender a vivir con las soledad que no es patrimonio de las que nos hemos portado "mal", sino hasta de muchas que estando acompañadas, estan solas."
Ayer Nawal Ed Saadawi fue tremenda. Hizo estremecer la sala colmada de casi 3,000 mujeres cuando presentó su tesis sobre el capitalismo patriarcal militar y violento. Pero dijo que la familia es una institución patriarcal, cosa que puede ser cierta como categoría, pero lo cierto es que hoy día se conciben muchas formas de familias, donde la gran mayoría no se asemejan para nada a la familia nuclear heterosexual hombre-mujer-hijos.
Hablaron bien, como siempre. Salí de sus charlas llena de citas sobre todos los grandes teóricos de la historia y las tesis de ellas que ya conocía, pero salí con muy poco o nada de la historia personal de ellas. Quedé con ganas. Estoy segura de que a estas alturas de la historia del feminismo en el mundo, ellas saben más por diablas vividas y jugadas que por veteranas estudiosas de la academia.
Todas están en la academia, pero en algún momento tendrán que jubilarse de las universidades. ¿Por qué no empezar por dejarla un poco en las actividades propias de las mujeres? Soltándose el moño y hablado desde el corazón de lo vivido; dejando de lado un poco el cerebro y las citas para compartir con nostras sus miedos a envejecer, sus emociones al publicar, las estrategias que han usado, etc. Sus tesis de libro las podemos encontrar en las librerías, pero cómo lo hicieron, lo que sintieron y sienten ahora, eso no lo vamos a saber si no lo cuentan, porque rara vez lo escribieron.
No estoy planteando una nueva diotomizacion entre la práctica y la teoría. Ni tampoco que ella estén desfazadas. Estoy diciendo que el movimiento necesita urgentemente la fuente de sus aprendizajes de lo vivido, y esos vacios que destaco se refieren a lo vivido actualemente por ellas y por todas nosotras de distintas maneras.
Entonces, que nos hablen en forma más integrada. Algo así como las formas en que nos enseñaron las abuelas. Ellas nos hablaban de la vida y nos contaban lo vivido, mientras íbamos a la escuela a aprender la teoría. En cada lugar aprendimos cosas distintas, todas necesarias, pero diferentes.
Y sin las lecciones de las abuelas, yo no sabría como prepárame ahora para envejecer o como prepararme para los embates que puedan venir sobre mi recientemente publicado libro u otras lecciones que ni se me han ocurrido todavía. Ellas ya las han recorrido. Eso nadie me lo enseñará su no vienen de ellas. No hay otra escuela para eso que sólo saben las abuelas por abuelas, no por estudiadas.
Pensándolo mejor, todas deberíamos hablar como las abuelas y como hablábamos y hablamos con las abuelas. Desde nuestras vidas, en un proceso… como dice la Esuela Mar de Cambios mesoamericana de “formaación” donde no se separe la teoría y la práctica del vivir.
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